martes, 3 de enero de 2012

SECCIÓN II. ELEMENTOS ESENCIALES DE LA SALUD: 10. “Temperantes En Todo”


La reforma de la salud es una parte importante del mensaje del tercer ángel; y como pueblo que profesa esta reforma debemos avanzar continuamente, y nunca retroceder. Es una gran cosa que podamos asegurarnos la salud acatando las leyes de la vida, y muchos no lo han hecho. Gran parte de las enfermedades y los sufrimientos que abundan entre  nosotros son el resultado de la transgresión de las leyes físicas, producto de los propios malos hábitos de la gente.
Nuestros antepasados nos han hecho herederos de costumbres y apetitos que plagan al mundo con enfermedades. Las consecuencias de los pecados que los padres cometen al complacer los apetitos pervertidos, recaen dolorosamente sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generaciones. La mala alimentación de muchas generaciones, los hábitos de glotonería y desenfreno de la gente, han hecho que se llenen nuestros hospicios, prisiones y manicomios. La intemperancia en la bebida de té. café, vino, cerveza, ron y brandy, además del uso del tabaco, el opio y otros narcóticos, ha producido una gran degeneración mental y física que continúa creciendo constantemente.

¿Son estos males que azotan a la raza humana un resultado de la providencia de Dios? No; en realidad existen porque la gente ha vivido en forma contraria a su providencia y todavía continúa ignorando sus leyes irresponsablemente. Con las palabras del apóstol, apelo a las personas que no han sido cegadas ni paralizadas por enseñanzas y prácticas erróneas, a los que están listos a rendirle a Dios el mejor servicio de que son capaces: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12: 1-2). No tenemos derecho de violar caprichosamente un solo principio de las leyes de la salud. Los cristianos no deben aceptar las costumbres y prácticas del mundo.
La historia de Daniel fue registrada para beneficio nuestro. El eligió una conducta que lo hizo conspicuo en la corte del rey. No se conformó a los hábitos alimentarios de los cortesanos, sino que propuso en su corazón no comer las  carnes de la mesa del rey ni beber sus vinos. Esta decisión no fue tomada a la ligera ni de modo vacilante sino que fue ha con inteligencia y practicada resueltamente. Daniel honró a Dios; y en él se cumplió la promesa: "Yo honraré a los que me honran" (1 Samuel 2: 30). El Señor le dio "conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias" y también le concedió "entendimiento en toda visión y sueños" (Daniel 1: 17); de modo que llegó a ser más sabio que todos los miembros de la corte real. más sabio que todos los astrólogos y magos del reino.

Los que sirvan a Dios con sinceridad y verdad constituirán un pueblo peculiar, diferente del mundo y separado de él. Sus alimentos no serán preparados para complacer la glotonería o gratificar el gusto pervertido sino para obtener de ellos la mayor cantidad de fortaleza física y, en consecuencia, la mejor condición mental. . .

La gratificación excesiva en la comida es un pecado. Nuestro padre celestial ha derramado sobre nosotros la gran bendición de la reforma pro salud para que lo podamos glorificar obedeciendo las demandas que hace de nosotros. Los que han recibido la luz acerca de este importantísimo tema tienen el deber de manifestar un mayor interés por los que todavía sufren por falta de conocimiento. Los que esperan el pronto regreso de su Salvador no deberían manifestar una falta de interés en esta gran obra de reforma. La acción armoniosa y saludable de todas las facultades del cuerpo y la mente produce felicidad; mientras más elevadas y limpias sean estas facultades más pura y genuina será la felicidad. Una existencia sin propósitos es una muerte en vida. La mente debería preocuparse de los temas que se refieren a nuestros intereses eternos. Esto contribuirá a la salud del cuerpo y de la mente.
Nuestra fe requiere que levantemos las normas de la reforma y que demos pasos de progreso. Debemos separarnos del mundo si queremos que Dios nos siga aceptando. Como pueblo, el Señor nos amonesta: "Salid de en medio de ellos, y apartaos... y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré" (2 Corintios 6: 17). Pueda ser que el mundo los desprecie por no conformarse a sus normas ni participar en sus diversiones disipadas ni seguir sus costumbres perniciosas; pero el Dios del cielo ha prometido recibirlos y ser para ustedes un padre: "Y seré para vosotros por padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso" (vers. 18).

El Mundo No Es Nuestro Criterio
El mundo no debe ser un criterio para nosotros. Hoy es costumbre gratificar el apetito con comidas exuberantes y estímulos artificiales, de modo que se estimulan las propensiones animales y se coarta el crecimiento y el desarrollo de las facultades morales. A menos que los descendientes de Adán decidan practicar la temperancia en todas las cosas. no hay ningún estímulo que se le pueda dar a ninguno de ellos para que lleguen a ser militantes victoriosos en la lucha cristiana. Al hacerlo, no pelearán como quien hiere el aire.­ Testimonies for the Church, tomo 4, pág. 35.

El ejercicio físico
Otra preciosa bendición es el ejercicio apropiado. Hay muchos indolentes inactivos, que no sienten inclinación por el trabajo físico o por el ejercicio, porque los cansa. ¿,Qué importa si los cansa? La razón por la que se cansan es que no fortalecen sus músculos por medio del ejercicio, por lo tanto les afecta el más pequeño esfuerzo. Las mujeres y niñas enfermas se sienten más satisfechas al ocuparse en trabajos livianos, como crochet, bordado, o encaje al hilo,  que al hacer trabajo físico. Si los enfermos desean recuperar la salud, no debieran descontinuar el ejercicio físico; porque así aumentarán la debilidad muscular y el decaimiento general. Vendad un brazo y dejad de usarlo por unas pocas semanas, después quitadle las vendas y descubriréis que es más débil que el brazo que habéis estado usando moderadamente durante el mismo tiempo. La inactividad produce el mismo efecto en todo el sistema muscular. No permite que la sangre despida las impurezas como sucedería si el ejercicio indujera una circulación activa.

Cuando el tiempo lo permite, todos los que puedan hacerlo, debieran caminar al aire libre en verano e invierno. Pero la ropa debiera ser apropiada para el ejercicio, y los pies debieran estar bien protegidos. Una caminata, aun en invierno, sería más benéfica para la salud que todas las medicinas que los médicos puedan prescribir. para los que pueden caminar, es preferible caminar en vez de cabalgar. Los músculos y las venas pueden realizar mejor su trabajo. Habrá un aumento de la vitalidad, tan necesaria para la salud. Los pulmones tendrían una actividad bien necesaria, puesto que es imposible salir al tonificante aire de una mañana invernal sin llenar bien los pulmones.

Algunos piensan que las riquezas y el ocio son realmente bendiciones. Pero cuando algunas personas se enriquecen, o inesperadamente heredan una fortuna, interrumpen sus hábitos activos, están ociosos, viven cómodamente, su utilidad parece terminar; se vuelven intranquilos, ansiosos e infelices, y su vida pronto se acaba. Los que siempre están ocupados, y llevan a cabo alegremente sus tareas diarias, son los más felices y más sanos. El descanso y la calma de la noche brindan a sus cuerpos cansados un sueño ininterrumpido. . .

El ejercicio ayuda a la digestión. Salir a caminar después de comer, con la cabeza erguida, enderezando los hombros y haciendo un moderado ejercicio, será de gran beneficio.   La mente se apartará de uno mismo, y se concentrará en las bellezas de la naturaleza. Cuanto menos se presta atención al estómago después de una comida, mejor. Si constantemente teméis que la comida os haga mal, muy probablemente sucederá así. Olvidaos de vosotros mismos y pensad en algo alegre.

El aire puro y los resfríos
Muchos son víctimas de la idea errónea de que si se han resfriado deben excluir el aire exterior y aumentar la temperatura de su habitación hasta que sea excesivamente alta. El organismo puede estar descompuesto, los poros pueden estar cerrados por el material de desecho, y los órganos internos más o menos inflamados, porque la sangre se ha retirado de la superficie y se ha ido hacia ellos. En estos casos, más que en otros, no se debiera privar a los pulmones de aire puro y fresco. Si hay un momento en que el aire puro es necesario, es cuando alguna parte del organismo, como los pulmones o el estómago, se enferma. Un ejercicio juicioso llevaría la sangre a la superficie, y aliviaría los órganos internos. Un ejercicio vigorizante, aunque no violento, al aire libre, con ánimo alegre, activará la circulación, dando un brillo saludable a la piel y enviando la sangre vitalizada por el aire puro, a las extremidades. El estómago enfermo se aliviará con el ejercicio. Con frecuencia los médicos aconsejan a los enfermos visitar países extranjeros, ir a las termas, o navegar, con el fin de recuperar la salud; cuando, en nueve casos de diez, si se alimentaran moderadamente e hicieran un ejercicio saludable con ánimo alegre, recuperarían la salud y ahorrarían tiempo y dinero. El ejercicio, y un aprovechamiento generoso y abundante del aire y de la luz solar ­bendiciones que el Cielo brinda liberalmente a todos­, darían vida y fuerza al extenuado enfermo. . .

Inacción y debilidad 
Los que no usan sus extremidades todos los días notarán que se sienten débiles cuando tratan de hacer ejercicio. Las venas y los músculos no están en condiciones de cumplir su función y mantener toda la maquinaria en saludable acción. cada órgano cumpliendo su parte. Los miembros se fortalecen con el uso. Un ejercicio moderado cada día impartirá fuerza a los músculos, que sin ejercicio se ponen fláccidos y endebles. Por medio del ejercicio activo y diario al aire libre, el hígado. los riñones, y los pulmones también se fortalecerán para hacer su trabajo. Traed en vuestra ayuda el poder de la voluntad, que resistirá el frío y dará energía al sistema nervioso. En poco tiempo os daréis cuenta del beneficio del ejercicio y del aire puro y no viviríais sin esas  bendiciones. Vuestros pulmones, privados del aire serán como una persona hambrienta privada de alimento. Por cierto, podemos vivir más tiempo sin alimento que sin aire,  que es el alimento que Dios ha provisto para los pulmones. Por lo tanto, no lo consideréis un enemigo. sino una preciosa bendición de Dios.

El aire puro y la luz solar
Nunca se debería privar a los enfermos de una amplia cantidad de aire fresco cuando el clima es agradable. Tal vez sus cuartos no estén construidos de tal manera que las puertas y las ventanas abiertas no ocasionen una corriente directa sobre ellos. exponiéndolos así a contraer un resfrío. En tales casos se deberían abrir las puertas y las ventanas de algún cuarto adyacente y permitir así que el aire fresco entre en la habitación ocupada por el enfermo. para los enfermos, el aire puro resultará de mayor beneficio que los 55 medicamentos, y es mucho más esencial para ellos que la misma comida. Si en lugar de privarlos de aire puro se les redujera la comida, lo pasarían mejor y se recuperarían más pronto. . .

Muchos inválidos han sido confinados durante semanas y aun meses en habitaciones cerradas, sin poder gozar de la luz del sol ni del aire puro y vigorizador del cielo, como Si este fuera un enemigo mortal, cuando estos elementos eran justamente la medicina que necesitaban para mejorar... Estos remedios valiosos que el cielo ha provisto sin dinero y sin precio, fueron descartados y se los consideró no solamente como inservibles, sino como peligrosos enemigos, en tanto que se aceptaron ciertamente los venenos prescritos por los médicos.

Han muerto miles de personas que podrían haber mejorado, por falta de agua pura y aire puro. Y miles de inválidos, que son una carga para ellos mismos y para los demás, piensan que sus vidas dependen de las medicinas que les recetan los doctores. Se cuidan constantemente del aire fresco y hasta evitan el uso del agua. Sin embargo, necesitan de estas bendiciones para recuperarse. Si comprendieran que deben dejar los medicamentos de lado, y acostumbrarse a hacer ejercicios al aire libre y mantener sus casas ventiladas tanto en verano como en invierno, y si usaran agua pura para beber y bañarse, podrían mantenerse comparativamente sanos y felices en lugar de arrastrar una existencia miserable.

Tómese en cuenta la salud de la enfermera
Las enfermeras y sus ayudantes deben cuidar su propia salud, especialmente cuando atienden casos críticos de fiebres y enfermedades contagiosas. Nunca se debe obligar a una sola persona a pasar todo el tiempo en el cuarto del enfermo. Es mejor que dos o tres lo atiendan, pero que sean enfermeras cuidadosas y diligentes que se turnen en la atención  del enfermo.  Cada enfermero o asistente médico debe mantenerse sano y hacer ejercicio al aire libre lo más que pueda.  Esto es muy importante para los que cuidan enfermos, especialmente cuando los familiares y amigos del paciente creen erradamente que es nocivo que el aire entre al cuarto, y por eso se niegan a permitir que se abran las puertas y ventanas.  En casos tales se obliga tanto al paciente como a los enfermeros a mantenerse respirando todo el día un aire contaminado, debido a la ignorancia inexcusable de los amigos del paciente.

Muy a menudo las personas que cuidan a los enfermos ignoran las necesidades del sistema y la importancia que el aire libre desempeña en el mantenimiento de la salud; además, desconocen el daño que produce inhalar el aire impuro del cuarto del paciente.  En tales casos se pone en peligro la vida del paciente y los que lo cuidan también están propensos a enfermarse y perder la salud y tal vez la vida...

Si es posible, se debe mantener una corriente de aire puro en el cuarto del enfermo día y noche.  Pero esta corriente no debe llegarle directamente.  Cuando hay una fiebre alta casi no hay peligro de que se resfríe el paciente.  Sin embargo, se debe ser extremadamente cuidadoso cuando la enfermedad llega a su punto crucial y la fiebre comienza a bajar.  Entonces se hace necesaria una vigilancia constante para mantener la vitalidad del cuerpo.  El enfermo debe respirar aire puro y vigorizador.  Si no se le puede proveer donde está, es menester cambiarlo de cuarto y de cama, mientras su cuarto y su cama se purifican por medio de la ventilación.  Si para mantenerse bien los que están sanos necesitan las bendiciones de la luz del sol, el aire puro, y los hábitos de limpieza, las necesidades del enfermo son todavía mayores y proporcionales a su condición debilitada.

Algunas casas están llenas de mobiliarios costosos, que sirven más para gratificar el orgullo y recibir visitas que  57 para la comodidad, la conveniencia y la salud de la familia. Los mejores cuartos se mantienen oscuros. No se permite la entrada de la luz del sol ni el aire puro por temor a que dañen el costoso mobiliario, o destiñan las alfombras, o arruinen los marcos de los cuadros. Así corren el peligro de enfermarse a causa de la atmósfera encerrada que los rodea. Las salas y los dormitorios se mantienen cerrados por razones similares y los que se acuestan en esas camas que no se han expuesto a la luz ni al aire, corren el riesgo de menoscabar su salud y ponen en peligro su misma vida. Los cuartos que no se exponen a la luz y al aire, se humedecen.  Las camas y las sábanas se humedecen también, y se contamina la atmósfera, porque no ha sido purificada por la luz ni el aire. . .

Las alcobas, especialmente, se deben ventilar y mantener su ambiente saludable por medio de la luz y el aire. Deben levantarse las persianas durante varias horas cada día, y correrse las cortinas, y todas las piezas mantenerse cuidadosamente ventiladas. No se debe permitir que nada destruya la pureza de la atmósfera. . .
Las alcobas deben ser amplias y arregladas de tal manera que el aire circule libremente por ellas día y noche.  Los que han excluido el aire puro de sus dormitorios deben cambiar inmediatamente su curso de acción. Deben permitir que aumente gradualmente la circulación del aire en sus casas hasta que se habitúen a ella tanto en el invierno como en verano, sin que corran el riesgo de resfriarse. Para que los pulmones se mantengan saludables, hay que respirar aire puro.

Los que no tienen una amplia circulación de aire en sus cuartos durante la noche, por lo general se levantan agotados y afiebrados, sin saber por qué. Era el aire, el aire vital, lo que todo su sistema reclamaba, sin poderlo obtener. Cuando una persona se levanta por la mañana, se beneficiaría mucho si tomara un baño de esponja, o tal vez 58 una ducha de agua fresca. Este baño eliminaría las impurezas de la piel. Luego debieran quitarse una a una las frazadas y las sábanas y ser expuestas al aire libre. Se deben abrir las ventanas, levantarse las cortinas, y permitir que el aire puro circule libremente por varias horas, o tal vez durante todo el día, por todos los cuartos de dormir. De esta manera la cama y su ropa se mantendrán aireadas y se eliminarán las impurezas del cuarto.

Los árboles y arbustos que crecen en profusión muy cerca de la casa son perjudiciales para la salud, porque obstruyen la libre circulación del aire y no permiten la entrada de los rayos del sol. Como consecuencia, la casa se vuelve húmeda. Durante las estaciones lluviosas, en especial, los cuartos de dormir se mantienen húmedos. Y las personas que los ocupan llegan a enfermarse de reumatismo, neuralgias y molestias pulmonares que generalmente terminan en afecciones más serias. En general los árboles frondosos echan muchas hojas que, si no se limpian inmediatamente, se descomponen y corrompen el ambiente. Un patio adornado de árboles y arbustos a prudente distancia de la casa, ejerce una influencia alegre y saludable sobre toda la familia, si se los mantiene bien cuidados. En la medida de lo posible, se deben construir las casas en terrenos secos y elevados. Si se construye una casa donde el agua tiende a empozarse por un tiempo. y luego se seca, se producen miasmas venenosas, que con el tiempo ocasionan fiebres, dolores de garganta, enfermedades pulmonares y otros malestares.

Muchos han pretendido que Dios los libraría de las enfermedades sólo porque así se lo habían pedido. Pero Dios no ha contestado sus oraciones porque su fe no se ha perfeccionado mediante sus obras. Dios no realizará ningún milagro para evitar que las enfermedades recaigan sobre las personas que no se cuidan, y que continuamente se mantienen violando las leyes de la salud, sin hacer mayor esfuerzo 59 para prevenir tales enfermedades. Cuando hacemos todo lo que está de nuestra parte para conservar la salud, entonces podemos esperar que los benditos resultados se produzcan y pedirle a Dios con fe que bendiga nuestros esfuerzos relacionados con la preservación de nuestra salud. Entonces contestará nuestras oraciones, si al hacerlo su nombre puede ser glorificado. Pero que todos comprendan que tienen un trabajo que hacer. Dios no obrará en forma milagrosa para preservar la salud de quienes, por causa de su descuido irresponsable de las leyes de la salud, siguen un curso seguro hacia la enfermedad.

La respiración profunda
Para tener buena sangre, debemos respirar bien. Las inspiraciones hondas y completas de aire puro, que llenan los pulmones de oxígeno, purifican la sangre, le dan brillante coloración, y la impulsan, como corriente de vida, por todas partes del cuerpo. La buena respiración calma los nervios, estimula el apetito, hace más perfecta la digestión, y produce sueño sano y reparador.­ Ministerio de curación págs. 206-207.

Supersticiones relacionadas con el aire nocturno
A muchos les han enseñado desde la niñez que el aire nocturno es muy perjudicial para la salud y por tanto debe excluirse de las habitaciones. Para su propio daño cierran las ventanas y puertas de los dormitorios para protegerse del aire nocturno, el cual dicen que es tan peligroso para la salud. Se engañan en esto.  En el fresco de la noche puede ser necesario protegerse del frío con abrigo extra, pero debieran proveer aire para sus pulmones.. . Muchos sufren enfermedades porque se niegan a recibir en sus habitaciones  en la noche el puro aire nocturno.  El puro y gratuito aire del cielo es una de las más ricas bendiciones de que podemos gozar.­ Testimonios para la iglesia, tomo 2, págs. 527-528.

Influencia del aire fresco
El aire, esta preciosa bendición del cielo que todos podemos disfrutar, nos beneficiará con su influencia bienhechora si tan sólo se lo permitimos. Debemos darle la bienvenida al aire, cultivar un cariño por él, y nos daremos cuenta que es un bálsamo precioso para los nervios. El aire debe estar en constante circulación para mantenerse puro. La influencia del aire puro y fresco permite que la sangre circule saludablemente a través del sistema. Además refresca el cuerpo y promueve la buena salud. Su influencia abarca la mente y le imparte cierto grado de compostura y serenidad. El aire puro despierta el apetito, permite una digestión más completa de los alimentos, e induce un sueño más sereno y profundo.­ Testimonies for the Church, (Testimonios para la iglesia), tomo 1, pág. 702, (1870). EGW CSS

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